El pasado 13 de noviembre de 2025, se llevo a cabo un webinar: La modernización del Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (TLCUEM) impartido por el Mtro. César Guerra Guerrero, especialista en comercio internacional y exnegociador de México ante la Unión Europea y por el Lic Juan Antonio Dorantes, director de Dorantes Advisors. El objetivo fue presentar el estado actual de la modernización del Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (TLCUEM), cuyo proceso se encuentra ya en su fase final, así como exponer los cambios sustantivos y las implicaciones directas para el sector agropecuario.
Durante la sesión, Antonio Dorantes recordó que el acuerdo vigente, implementado desde el año 2000, quedó desfasado respecto a los nuevos compromisos comerciales que la Unión Europea mantiene con otros socios. Por ello, desde 2016 comenzó un proceso de actualización que atravesó dos acuerdos en principio en 2018 y 2020, seguidos de una etapa prolongada de revisión debido a temas pendientes en compras públicas y, posteriormente, a la incompatibilidad entre el capítulo energético negociado y la política interna mexicana. Esta situación derivó finalmente en un “rebalanceo” entre las partes, anunciado en enero de 2025, lo que permitió destrabar el proceso y avanzar hacia la conclusión política del acuerdo.
Actualmente, la Unión Europea ya presentó el paquete jurídico para la firma del tratado, dividido en un Acuerdo Global Modernizado (que debe ser ratificado por los Estados miembros) y un Acuerdo Comercial Interino aplicable a las áreas de competencia exclusiva del bloque. México, por su parte, continúa con los procesos legales internos para la firma, estimada para el primer trimestre de 2026, con una posible entrada en vigor hacia el último trimestre del mismo año.
Durante su intervención, el Mtro. César Guerra expuso los elementos técnicos del acuerdo modernizado. El nuevo texto incorpora disciplinas que antes no existían en el TLCUEM, incluyendo trato nacional, transparencia aduanera, licencias de importación y exportación y facilitación comercial. Asimismo, explicó que las reglas de origen serán revisadas en casi dos terceras partes de la tarifa, en su mayoría flexibilizadas, y que México adoptará la declaración en factura en sustitución del certificado EUR.1. También se describieron ajustes importantes derivados del rebalanceo, particularmente en productos agrícolas y en insumos vinculados a la industria automotriz, cuyo tratamiento será revisado nuevamente tres años después de la entrada en vigor.
En paralelo, se abordó la incorporación del capítulo de comercio y desarrollo sostenible, el cual, aunque no contempla sanciones comerciales, sí establece obligaciones ambientales y laborales alineadas con los estándares europeos. Se añadió además el reconocimiento de 568 indicaciones geográficas (IG) de la Unión Europea y el de poco más de veinte IG mexicanas, con excepciones y periodos de transición en el caso de nombres sensibles, especialmente en el sector lácteo.
En el contexto de las disposiciones aplicables al sector agropecuario, donde se concentran los ajustes más significativos del rebalanceo bilateral, César Guerra explicó que varios productos de interés para México contarán con una ampliación gradual de cuotas, mismas que en algunos casos desaparecerán para permitir un libre comercio total hacia el año siete de implementación. Esto aplica principalmente a miel, espárragos, atún en lomos, hortalizas congeladas y huevos fertilizados. Otras cuotas serán permanentes y mantendrán aranceles dentro de cuota, como ocurre con carne de cerdo, ciertos derivados del maíz, huevo y azúcar para refinación, las cuales también tendrán reglas específicas de administración durante los primeros años del tratado.
Se destacó que tres productos (carne de res, carne de pollo y etanol) sufrieron reducciones importantes en las cuotas previamente otorgadas a México, como parte del ajuste que compensó la salida del capítulo energético. Este recorte implica que el acceso de México a la Unión Europea para dichos productos será más limitado de lo previsto inicialmente en 2018.
En cuanto a las sensibilidades mexicanas, el acuerdo mantiene una protección reforzada. La papa fresca conservará un arancel elevado incluso después de diez años de desgravación gradual, sin llegar al libre comercio. La manzana tendrá también un plazo extraordinario de diez años con reducciones lentas al inicio, mientras que el durazno mantendrá un arancel del 50% luego de su periodo de desgravación, aunque con un cupo limitado libre de arancel. El azúcar permanece excluida conforme a compromisos multilaterales, y las preparaciones infantiles y el café tostado presentan reducciones parciales sin llegar a cero.
Al término de la sesión, ambos expositores coincidieron en que la implementación del acuerdo exigirá un seguimiento técnico detallado por parte del sector agropecuario, especialmente en cuanto a reglas de origen, administración de cuotas, ritmos de desgravación y cumplimiento de estándares sanitarios, los cuales en la Unión Europea se rigen por un principio precautorio que podría convertirse en un obstáculo operativo para ciertos productos frescos.